Eres el lametón número:

lunes, 30 de abril de 2012

Sal con una chica que lee (por Rosemary Urquico).

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.



-
M.

Sal con una chica que no lee (por Charles Warnke).

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.



-
M.

*Test*


1. ¿Cuál es tu nivel de locura?
a) ¡Que yo estoy mu loca!
b) Jejejejeje....
c) Nedy tenía una obejita...

2. ¿Eres cotilla?
a) Si
b) ¿Yo?
c) Oye, ¿tu de quién eres?

3. ¿Cómo tienes pensado llamar a tus hijos?
a) Escojoncio.
b) No se tendré...
c) Pili y Mili

4. Ayer la nieta de la Paca me dijo una cosa sobre ti...
a) ¿Quién?
b) ¡Que no la pille sola por la calle!
c) ¡Yo nunca he robado papel higiénico del super!

5. ¿Donde quienes vivir de mayor?
a) Yo creo que mi Escojoncio me va a llevar a una residencia...
b) Voy a tener un chalet en Miami.
c) Pos donde pueda pillar...

6. ¿Qué es lo ultimo que te has comprado?
a) Una camiseta.
b) Un sacapuntas
c) No me acuerdo

7. ¿Te ha gustado este test?
a) IIIISSIIIIIIIIIII....
b) Me has hecho perder el tiempo.
c) Ni fu ni fa...



SOLUCIONES

Mayoría de A: Tienes que admitir que muy bien de la cabeza no estás, es más, estás muy mal, pero al menos tienes las ideas clara y la vida pensada y solucionada. Tienes respuestas para todo.

Mayoría de B: Tienes instinto asesino, seguro que quién te vea por la calle huye nada más verte, tienes que ser la malota que roba el dinero del almuerzo en el insti. P.D.: quitaselo a M que se lleva siempre y está media hora en la cola.

Mayoría de C: ¿Pero tu piensas? No tienes nada claro, empieza a pensar más en el futuro, aunque en tu caso tienes que pensar más en el presente porque no te decides por nada... Lo tuyo no son las preguntas sueltas.





C.

miércoles, 25 de abril de 2012

K.

Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón.
Pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré tan sólo a ti.





M.

martes, 24 de abril de 2012

PARA TODOS

Hola!!!! a todos ,ya se que esteréis pensando -a buena hora escribe esta petarda,a ver lo que dice - y la verdad es que tenéis mucha razón .....PERO TENGO MUCHAS EXCUSAS!!!!!!!

1.El fin de semana pasado estuve haciendo San Marcos.
2.El lunes no pude,porque tenia examen de matemáticas.

Y esto es para M ,que se que en estos momentos lo esta pasando fatal y no tiene ganas de nada. Solo decirte que tanto H y C sabemos lo que es perder algo así y derrepente.  Con estas palabras no te voy hacer sentir mejor , pero solo decirte , que hay que ser fuertes en estos momentos.

H

lunes, 23 de abril de 2012

No lo entiendo.

¿Dónde estás? Te echo de menos.

Nunca pensé que diría esto tan pronto. Bueno, en realidad, nunca pensé que tuviera que decirlo.

Ahora me siento vacía, muy vacía. Y un tanto desorientada, ¿dónde estás? Venga, dime que es mentira. Tú sabes hacerlo. Dilo, dilo. Dime que todo esto es una puta broma cruel y que en realidad estás escondido debajo de la cama.
Te prometo que como sea mentira y estés debajo de la cama no te reñiré. Por favor, por favor. Hazlo por mí. Haz que esto sea mentira.

Estás enfadada conmigo porque lo he matado yo.

Oh, cielos, no. Ni siquiera sé si puedo respirar, ¿cómo queréis que esté enfadada con alguien?

Perdóname, M. Perdóname, perdóname, perdóname.

Dios. No me hagáis esto, por favor. Pero al menos decidme: ¿Dónde está?
Y es que no lo entiendo. No lo entiendo, no, no, no; no lo entiendo. Hoy se suponía que iba a ser un día feliz. Es el día del libro, hoy daban los ganadores del concurso y me presentaba a ese examen que me había preparado tanto.
El plan no era este. Se suponía que iba a llegar gritando y besando a todo el mundo hoy. A él también. ¿Dónde estás, joder, dónde estás?

Perdóname, perdóname, perdóname.

No, que nos perdone él a las dos.
Arráncame los ojos, joder, que no quiero llorar más. Arráncame el corazón, joder, que no quiero sentirme así.
Mátame o tráelo de vuelta, por favor.
El dolor me consume.
Perdóname, estás enfadada, perdóname. ¿Me podrás perdonar?
¿Dónde coño estás, Kol?


:)
Que no lo entiendo, chiquitín. Que prometimos que tú no ibas a morir nunca.










M.

domingo, 22 de abril de 2012

^^





: ¡Shrek!





             









: ¡Fiona!

                                                                                       :¡Asno! 

sábado, 21 de abril de 2012

Y decidme...

¿Se puede ser protagonista y antagonista a la vez?


La respuesta la tenéis vosotras.
Por favor, nunca dejéis de creer en los cuentos de hadas. La mayoría de las veces, estos cuentos se disfrutan más si los miras como adulto, que si los miras con la mentalidad de un niño.


Y así el lobo se enamoró de Caperucita, y viceversa. Sólo se interesaban porque estaba prohibido, no podían enamorarse y ambos lo sabían. Pero eran unos jodidos masoquistas y se enamoraron. Al final murieron los dos, pero ¡qué cuernos! Fueron felices por un tiempo. 

(Versión M. Algún día escribiré esta historia y alguien la disfrutará. Principalemente, yo. Y alguien más también. Jum.)






M.

Sha mat.

«La jugada más bella y más demoledora en ajedrez, es el sacrificio. Y a destacar, el sacrificio de la dama por la otra dama. El gambito de dama es el ofrecimiento de material, en este caso la pieza más poderosa, a cambio de ventaja en la estrategia.»





 




M.

Conversaciones entre el colegio y el instituto...

Profesora: (gritando desde el colegio): ¿Estáis bien?
C y H (gritando desde el instituto): Si, bien.
M: Almorzar.
Profesora: Que si estáis bien.
Todas: Si, bien. 
Profesora: Me alegro, adiós.
C: Adiós.
H: Adiós.
M: ¿Y tu? ¿Estás bien?

viernes, 20 de abril de 2012

Qué peligro, el instituto.

Había una vez en un lugar de La Mancha del que me acuerdo, una niña llamada M, que era muy inocente y muy buena (¡qué inocente que era, por Dios, qué inocente!) y por eso los chicos de 4º de la ESO la empujaban hacia la puerta de hierro cuando entraba del recreo.








Un día, C los vio empujando a M y decidió hacerse la héroe.

Así que miró a Manuel D, que así se llamaba el susodicho que empujó a M, y le dijo: ¡PERO NENEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!
Manuel D se giró con cara asesina.



C se quedó parada, y viendo a M en la puerta estampada, dijo:
Que la vas a mataar...

Manuel D se fue, y a C le entró la risa. Pasó el agente 005 ("Me llamo Ma, ... Ma") con la misma simpatía que Manuel D, y se fue de allí.
H no estaba, porque estaba pensando en su regla, pero lo sintió desde la lejanía, porque se giró y grito:

              ¿OS QUERÉIS DAR PRISA, QUE TOCA FRANCÉS?




No hubo más incidentes a lo largo del día, pero eso es otra historia.






M.

Esto si es humor.

Humor es lo que hay que tener para reírse de este chiste de M:
Había una vez una familia de tortugas que se fueron de picnik, y cuando llegaron, vieron que se les había olvidado las servilletas, así que, mandaron al hijo tortuga a buscarlas, y este les advirtió: Vale, pero no os comáis mi bocadillo. Y fue a buscar las servilletas. Pasaron los años y el hijo tortuga no volvía, por lo tanto sus padres pensaron: No viene, vamos a comernos su bocadillo. Y entonces, el hijo volvió y al verlos comérselo les tiró una piedra, diciendo: ¡Lo sabía!


Con esta cara más o menos:
   

C.

HOLA !!

HOLA!! soy H y esta es mi primera entrada que hago en mi vida. Solo quería de C y M que son unas grandes personas y que las tres estamos muy locas, pero nos lo pasamos genial juntas.

C y M rompieron la regla de H que la tenia desde primero de primaria. H se enfado un poco porque le tenia  un gran aprecio (aunque no lo pareciera), pero a H se le paso enseguida el enfado. Y volvió ha sonreír.


H

jueves, 19 de abril de 2012

El diario

Esta mañana era un día normal, M llegaba tarde, aunque C de milagro no. H en cambio estaba allí a su hora, como todos los días. Pasan las clases normales como un simple jueves, Z (otra amiga) y M acompañaban a C a clase de religión, hacían deberes,las seguian en el recreo,etc. Pero C y M necesitan una regla, así que a M se le ocurrió pedirsela a H, y como a veces, aunque no lo parezca, puede llegar a no ser muy inteligente, y mientras la usaban se le ocurrió hacerle cosquillas a C con un lápiz, y esta, con lo inteligente que es, con intención de pararla, seguía. Después M nombraba caballero a M con la regla de H, hasta que se puso a golpearla con ella para hacerle rabiar. Pero la segunda vez...¡cras! la regla se partió, y como la profesora de fisica no les dejaba bajar a recepción a por celo, se les ocurrió pegarlas con pegatinas y pegamento de otra compañera, pero a esto tengo que añadir que H tendrá mañana una preciosa regla roja, flexible, por si las moscas.
Claro que por la tarde...otras movidas con M y C, no sé nada de H, estará bien, posiblemente intentando arreglar la regla con algún artilugio. Esa regla tenía pinta de cara, lo tengo que admitir...

No lo hagas, por favor, no lo hagas.

Y es que si te piensas que nos da igual, te equivocas. Que lo único que pienso ahora es que eres tonto. ¿Pero cómo no te das cuenta? Tu vida somos nosotros, no sólo eres tú. Egoísta, que eres un jodido egoísta.

Pero, a parte de lo egoísta que puedas llegar a ser, dime: ¿Te atreverías a hacerlo? ¿Serías capaz?

Je. Te imagino delante del espejo con una cuchilla en las manos. Mirándote en el espejo y luego mirando la cuchilla, acercándola lentamente la parte interior de la muñeca. Deslizándola suavemente sobre las venas. Te mirarías en el espejo, esperando ver a un pobre diablo que por fin irá donde merece. O a un rebelde, quién sabe. Quizás dejarías salir algo de sangre. Para saber lo que se siente... Pero luego te acojonarías. Correrías a por un pañuelo e intentarías cortar la hemorragia, te apoyarías en la pared y allí sentado en un rincón del baño, llorarías hasta quedarte sin lágrimas.
Sí.
Harías eso. Lo sé.
No te moverías, no, no lo harías hasta que alguien te encontrara. Con el rostro surcado de lágrimas, la nariz roja y los ojos hinchados. La camisa manchada de sangre. En el suelo un charcho. Perderías el conocimiento cuando te levantaran del suelo; lo harías, lo sé. Te dejarías caer, no importa, no, no, el corte no es profundo. No he sido lo suficientemente valiente como para cortar como Dios manda.
Pero aún así, los asusto a todos.
No busco ayuda. ¿Para qué? No la necesito. No, no, la solución es suicidarse.
Imbécil. ¿Por qué no te das cuenta?
Luego, en el hospital sonreirías tranquilizadoramente. No ha pasado nada, mamá. Estaba en el aseo y se me cayó la cuchilla, nada serio. No volverá a ocurrir.
Y volverías a sonreír cínicamente, fake, fake, fake smile.
Sin dejarles ver que en cuanto volvais a casa y tengas la mínima oportunidad, lo volverás a intentar. Con más valor. Hasta que lo consigas.
Y justo en ese momento, te darás cuenta de lo que has hecho. De lo que has perdido. De lo que has dejado atrás y de lo que podría haber pasado después. Te darás cuenta de que no podremos pasar otras fiestas como las últimas, ni reforzar la amistad nunca más. Te darás cuenta de que tus padres te querían, tu hermana te quería, tus amigos te querían, yo te quería.
Pero has sido un jodido egoísta, te has infravalorado, otra vez.
Que no, que no, que siendo tú, basta.
Que tu vida somos nosotros, y si mueres tú, nos matas a todos un poquito.




M.

miércoles, 18 de abril de 2012

Never fall in love.

Lamió la nata del cucurucho hasta que la barrita de Kit Kat sobresalió lo suficiente como para poder morderla. Después, tiró el helado y subió el volumen de la música todo lo que el radiocasette le permitió. Bailó por el salón hasta que el Sol se escondió y giró y giró sin pausa hasta que las piernas le fallaron. Pintó el techo, se deshizo de la humedad. Se prometió que no se casaría, y que no tendría niños. Viviría sola, sola, no necesitaba a nadie. No besaría por amor, nunca por amor. No se enamoraría, no, no, no lo haría.
Se pintó los labios de rojo y se puso unos tacones que la hacían mucho más alta. Salió y bebió, y saltó, y rió con sus amigas. Rechazó a un montón de chicos aquella noche. Al día siguiente pintó un cuadro. Hizo una caseta para perros. Se compró un perro, para aprovechar la caseta. Se fotografió, visitó museos. Viajó una y otra vez, sin parar nunca en un sitio fijo. Nunca, nunca en un sitio fijo.
Pasaron los años y ella siguió así. Era una rolling stone. Nadie la ataba, nadie la sujetaba a nada.
Hasta que un día inesperado incumplió su promesa, y se enamoró. Dejó de salir, dejó de bailar. No se pintó los labios de rojo nunca más, besó una única vez, pero fue real. Su vientre se abultó, señal del niño que estaba esperando. Su corazón sangró cuando la rechazaron, cuando él le dijo que no la había besado con sinceridad, por amor, nunca por amor. Él no quería enamorarse, no, no, no lo haría. Ella lloró y ni se dio cuenta de que su helado se derretía en la mesa del salón. Dejó de hacerse fotos y no pintó cuadros nunca más. Su sonrisa dejó de ser sincera. Fake smile. El perró murió, y ella, presa de la agonía empezó a girar. Y giró y giró y giró. Con el sonido de las promesas rotas como música de fondo.
Hasta que cayó al  suelo, y allí se lo reprochó todo. Se dejó morir, sola, sola, sin tener a nadie.


(El único rastro que queda hoy de ella, es una lágrima que cayó en la moqueta, justo antes de que ella cerrara los ojos por última vez. A pesar de haber vivido sola, queda su recuerdo en aquella casa  a las afueras de Nueva York. El desconchón del techo se ha vuelto a formar. Y ahora está más grande que nunca.)




M.

martes, 17 de abril de 2012

En el país del arcoiris

C: Todo va a salir bien, nos acercaremos a H y le diremos lo que hemos hecho. Puede enfadarse al principio, pero no mucho.
M: Nos mata.
C: Que no... Además estará más pendiente de la pelota que de nosotras. Oh...esa pelota asesina...
M: Nos mata.
C: ¡Que va! Ya sabes como es H, siempre riendo...no va a aguantar la risa con los chistes que le voy a contar. Además se va a enfadar más cuando le hagamos el tuenti (porque que sepas que te lo vamos a hacer H)
M: Tus chistes no son buenos.
C: Callate, hamburguesa.
M: Ese es bueno, admítelo.

#AQUI LA SELECCION ''ECHATE UNAS RISITAS CON M''#
Pues esto es un niño el lunes, que esta en el colegio ¿no? y entonces piensa :Como me apetecen hamburguesas, ojala mi madre haya hecho para comer... 
Y el niño llega a su casa y le pregunta a su madre: Mamá, mamá ¿que hay de comer?
Y su madre de contesta: (risas de M contándolo) Hamburguesas hijo...
Y el niño dice: ¡hamburguesas si! ¡de pm!

Pasa al día siguiente y el niño piensa: Mmm....que buenas las hamburguesas de ayer...ojala hoy también haya hamburguesas...
+Mamá mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo.
+ ¡Hamburguesas si, de pm!


El miercoles y el niño piensa: las hamburguesas están buenas...ojala hoy también haya hamburguesas...
+Mamá mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo.
+ ¡Hamburguesas si, de pm!

Se hace jueves y el niño llega a su casa.
+Mamá, mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo.
+¡Hamburguesas, bien!


El viernes (ataque de risa de M) sale el niño del colegio.
+Mamá, mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo.
+Bien, hamburguesas.


Se hace Sábado y el niño sale de catequesis pensando: Las hamburguesas están buenas eeh...
+Mamá mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo
+ Venga, me las como, si las hamburguesas están buenas...


El Domingo sale el niño de misa pensando: ¿que habrá hoy de comer?
+ Mamá mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo
+ ¿Otra vez? ¿Es que solo haces hamburguesas? Venga me las como pero porque estan buenas...

Llega otra vez el lunes y el niño sale del colegio.
+Mamá,mamá ¿que hay de comer?
-Hamburguesas hijo.
+¡Hamburguesas si,de pm!


*El mejor de todos*

Van dos en una moto y el del medio se cae por la ventanilla. ¿Moraleja? No comas chorizo.



¿Sabes qué? Yo creo que no se va a enfadar, mis chistes pueden con todo.

Bla, bla.

La verdad es que, como siempre, no sé cómo empezar a escribir, ni siquiera sé qué es lo que quiero decir. Últimamente la vida es demasiado igual, demasiado monótona; pero cuando recuerdo aquellos tiempos en los que mi vida daba vueltas y me hacía caer al suelo una y otra vez me aferro a este día a día con una fuerza inimaginable.
Si os digo la verdad, no sé qué es peor.
No quiero que sea así, pero tengo la sensación que vivimos toda esta calma y toda esta felicidad porque dentro de nada habrá tormenta. Llamadme loca, llamadme supersticiosa.
Algún día sabréis todos a lo que me refiero.


M.

P.D: C, espero que hagas pronto alguna entrada, que no puedo sacar adelante esto yo sola.

Tres letritas.

Son tres chicas, a cada cual más distinta.

C es morena -morenísima- con la piel clara y los ojos marrones. No habla demasiado cuando hay gente, pero cuando está a solas con personas de confianza charla más de lo que puedas imaginar. Pasa desapercibida en cualquier entorno, nunca dice una palabra más alta que otra y le gustan los gatos. A M el gato que más le gusta es Chanclas, sólo por el nombre -jijij-. C toca el clarinete en la banda de su pueblo y va todos los sábados con H a catequesis. Quiere ser una bruja y lleva siempre el pelo suelto. Le tiene que dejar el libro de La mecánica del corazón a M, que no se le olvide. A veces, cuando quieren reírse un rato, H y M van a su casa y juegan las tres a La Herencia de Tía Ágata; incluso un día M se atragantó, pero nadie fue a socorrerla. Cuando se aburre en clase se pone y dibuja muñecos monos que hacen gracia. Su color favorito es el amarillo.

H tiene el pelo castaño claro, largo y a veces le cae en ondas. Piel dorada. Ojos alegres y muy abiertos siempre, como su sonrisa. Gasta bromas continuamente y se pasa los recreos hablando con C sobre Pequeñas Mentirosas, mientras M mira a la gente pasar. Es una completa cinépata, se ha visto las películas desde el año 1900 hasta hoy (quizás estoy exagerando un poquito), por eso, siempre que quieras saber algo de una peli llámala a ella. Es más compleja de lo que parece y tuvo un pájaro, pero hubo un incidente con él y ya no quiere tener más mascotas. C y M llevan desde el año pasado intentando que se haga tuenti, pero ella siempre lo aplaza. Su color favorito es el verde.

M es alta. Pelo castaño oscuro y tez más clara incluso que la de C. Le gusta pensar que tiene los ojos negros y le van los amores platónicos. Se enamora de los personajes de sus libros y de los que no son suyos. Toca el saxofón en la banda del pueblo de al lado, y ya no va a catequesis, pero todos los sábados piensa cómo se lo estarán pasando C y H. Por alguna extraña razón lleva siempre el pelo recogido en una coleta. Se desenamora con la misma facilidad con la que se enamora, le gusta escribir. Está esperando que C le deje el jodido libro y que C o H le compren el libro de Pequeñas mentirosas. Tiene un millón de libros que hacerle leer a H, porque sabe que le gustarán. Dibuja claves de Sol y  rostros sin nombre en las últimas páginas de sus cuadernos cuando se aburre en clase, pero se considera una persona responsable a su manera. Tiene un perro que se llama Kol y una perrita que se llama Ámber. A veces cree que ella es más animal que los dos perros juntos. No tiene color favorito, le gustan todos los colores del arcoiris por muy -y nunca mejor dicho- puke rainbows que sea.





Y así son, amigos. Podría decir muchísimas cosas más: C y H se ríen de M por una rima tonta y le dicen que tiene el culo al aire, C va todos los domingos a ver a sus abuelos, H tiene una lista de excusas para cuando no quiere salir, M se acaba de cambiar el móvil. Ninguna de ellas se maquilla, ninguna se ha puesto tacones. Una de ellas vendería su alma al diablo por puro morbo, otra ni se lo pensaría, mientras que la que queda estaría intentando frenar a una y lanzar a la otra. No han encontrado todavía a su media naranja -sentimentalmente hablando-, pero C tiene claro que si al payaso del que estuvo enamorada le han puesto gafas, es por puro Karma. Ya le vendrá el aparato.
A M le gustan los días de lluvia. A C y a H los de sol. Les gusta hacer cosas juntas, pero sin agobiarse. C y M han hecho este blog sin que H lo sepa. Dios mío, las va a matar.
C comparte sus capítulos descargados de las series con H. H comparte su sonrisa con todos. M no entiende cómo puede ser tan feliz.